domingo, 2 de junio de 2013

Filosofía Política de la Universidad del Cauca - Colombia. El temas de Interculturalidad y política en contextos latinoamericanos.



 
Índice

Agradecimientos

Presentación

Parte I. De sujetos y resistencias

Una opción libertadora: sujetos en resistencia
Diego Jaramillo Salgado

Una lectura decolonial y transmoderna de los movimientos sociales latinoamericanos: más allá del análisis eurocéntrico de los sujetos
Cicerón Erazo Cruz

Territorio-lugar: espacio de resistencia y lucha de los movimientos sociales
Zulma Zorayda Toro Muñoz

Territorio, lugar y ecología política: voces campesinas en el Cauca.
Carlos Enrique Corredor Jiménez

Parte II. Del multiculturalismo a la interculturalidad

Diversidad, diferencia e interculturalidad: tensiones e incertidumbres
Adolfo Albán Achinte

Visiones latinoamericanistas en torno a la interculturalidad
Sofía Reding Blase

Gramática crítica y representación epistética
Mario Armando Valencia Cardona

Filosofía pluriversal: Europeos pobres, dijo Jorge Luis Borges
José Rafael Rosero Morales - Mario Armando Valencia C.

Parte III. Las voces de los ‘otros’ y las víctimas

Filosofía y emancipación en la sociedad venezolana del siglo XIX
Lino Morán Beltrán - Johan Méndez Reyes

Amir Smith Córdoba: pensamiento y militancia de un intelectual afrocéntrico
José Antonio Caicedo Ortiz

Diferencias extremas y percepción del mundo: la consulta previa con los pueblos indígenas en Colombia
Isabela Figueroa Sabbadini

Lumbalú triste por el alma–sombra de Bojayá
Matilde Eljach 

Sobre los autores

http://es.scribd.com/doc/144956086/Estudios-de-Suelo-Interculturalidad-y-Sujetos-en-Resistencia-Mayo-de-2013

jueves, 23 de mayo de 2013

Pensamiento positivista venezolano ante la condición humana: Laureano Vallenilla Lanz y César Zumeta.


Pensamiento positivista venezolano ante la condición humana: Laureano Vallenilla Lanz y César Zumeta.

Johan Méndez Reyes y Lino Moran. IUTM – LUZ. Maracaibo – Venezuela. Mayo 2013. 145pp.


El objeto de estudio, de este libro, es la reflexión que en torno a la condición humana desarrollaron es sus obras Laureano Vallenilla Lanz y César Zumeta desde la perspectiva positivista. En sus escritos es posible diagnosticar un hilo conductor (lógico e histórico-político) que se articula desde el enfoque de la condición humana con los ideales del positivismo, socialismo y de la tradición de pensamiento antimperialista y democrático venezolano. Ello expresa una tendencia histórica (política, filosófica) de los procesos de la sociedad venezolana durante el siglo XX hasta principios del XXI que es posible estudiar a través de su articulación.

El problema teórico de la investigación radica en determinar la capacidad práctica real de los proyectos sociales que resultan de la actividad intelectual de estos pensadores, con perspectivas teóricas y epistemológicas diferentes, pero orientadas hacia la transformación de las circunstancias sociales enajenantes, especialmente en lo referente al ideal de la condición humana y a la tendencia socialista. Esto remite al cuestionamiento de la posibilidad de reconstruir una línea de pensamiento emancipatorio a la que tributan formas diferentes de producción filosófica, a saber: el positivismo asumido como crítica de los rezagos conservadores de la tradición colonial e ilustrada.

Las reflexiones teóricas acerca de los autores estudiados llevan a la formulación de la siguiente hipótesis: Los más valiosos representantes de la producción intelectual venezolana del siglo XX han dado continuidad y enriquecido la tendencia humanista y emancipadora que ha caracterizado en general a la historia de las ideas filosóficas en Latinoamérica manifestada esta tendencia en la obra de Laureano Vallenilla Lanz y César Zumeta,  quienes de manera crítica y creadora pusieron al servicio del hombre y la cultura venezolana sus respectivas reflexiones positivista y marxista.

En el referente metodológico de esta investigación se inserta la búsqueda de carácter hermenéutico dirigida a la interpretación del contenido filosófico y antropológico de la obra teórica de estos pensadores. Esto conduce a interpretar esta obra intelectual desde el enfoque de los intereses sociales que cada una de ellas representa, para lo cual se reconstruye el tributo que realizan a la práctica revolucionaria y emancipadora, así como los límites que dicha práctica le impuso. Para tales efectos el material de investigación es de tipo documental, por lo que se trabaja con obras publicadas, así como otros materiales bibliográficos, hemerográficos, folletos, discursos y memorias oficiales que se hallan dispersos en bibliotecas, y en archivos públicos y privados. Sin embargo, este referente no es suficiente, sino que se complementa con los resultados metodológicos que hasta ahora muestran las investigaciones en torno al problema de la condición humana, en las cuales se destaca: la confrontación entre las reflexiones teóricas y las circunstancias históricas concretas; el impacto que en su época produjo la obra intelectual que aquí se investiga y la vigencia para la contemporaneidad. A ello se incorpora decisivamente el principio de síntesis de lo lógico y lo histórico, que permite una búsqueda y resultados certeros a toda investigación de pensamiento

La novedad que aporta el presente libro  puede resumirse en los siguientes aspectos:

1.      Un enfoque contextualizado en torno a la historia de la constitución y desarrollo del positivismo en Venezuela como versión interpretativa de la realidad venezolana.

2.      Un análisis amplio, contextualizado de la interpretación filosófica del positivismo y de los aportes teóricos de la obra de Laureano Vallenilla Lanz y Zumeta.

3.      Una perspectiva filosófica e histórica, integradora de su obra, que lo articula a la herencia actual del pensamiento venezolano.

Este libro se estructuró y conformó en cuatro capítulos. El primer capítulo, titulado:El positivismo y su recepción e impacto en América latina y Venezuela durante los siglos XIX y XX” se divide en tres subcapítulos. El primero recoge un análisis del positivismo en América Latina. El segundo muestra la influencia positivista en Venezuela y finalmente, en el último se caracteriza al gomecismo y la vinculación que tuvo con el positivismo en Venezuela.

El capítulo segundo, subdivido en dos partes, se adentra en el análisis del positivismo en la obra de Laureano Vallenilla Lanz. Aquí se valora la postura del autor en relación con la sociedad, la historia, la religión y la educación.

El tercer capítulo, subdivido en dos, contempla el análisis de la producción intelectual de Laureano Vallenilla como teoría política al servicio del poder y se muestran los alcances e impacto de su obra en la sociedad venezolana y latinoamericana.

El capítulo cuarto, titulado “César Zumeta y los aportes al pensamiento venezolano”, se aborda la obra de César Zumeta como figura fundamental del positivismo venezolano que pertenece a la generación de intelectuales formados en el positivismo por Adolfo Ernest y Rafael Villavicencio. Sin embargo, Zumeta trasciende al positivismo en sus formas clásicas. Al igual que esa gran generación de latinoamericanos a la cual pertenecieron, entre otros, José Martí (1853-1893), José Enrique Rodó (1871-1917), Manuel Ugarte (1875-1951), José Vasconcelos (1882-1959), entre otros, su gran preocupación estuvo centrada en cómo sustentar el pensamiento en la propia realidad y no en volcarlo hacia la imitación de realidades extrañas. En el primer subcapítulo se reflexiona sobre las ideas humanistas que caracterizan la obra de este autor desde una perspectiva latinoamericanista. Mientras que en el segundo se desarrollan sus posturas con relación a la comunidad de culturas y el panlatinismo.

En este texto se parte de la consideración del positivismo como corriente filosófica y de su vinculación con el proceso cultural del sistema capitalista como totalidad social. La formulación de este ideario se elaboraba bajo los presupuestos del desarrollo del capitalismo premonopolista del siglo XIX. El positivismo sintetizó las aspiraciones de la débil burguesía nacional latinoamericana, que buscaba estimular el desarrollo tecnológico e industrial para derribar las viejas relaciones precapitalistas de producción, como condición necesaria en la consolidación de la real independencia latinoamericana. Este devenir contradictorio moderno de la región suponía una tendencia del desarrollo de la conciencia de sí de los pueblos tradicionalmente reprimidos, forzando a estos a enfrentar sus verdaderas condiciones de vida en sus relaciones con el resto del mundo

El ambiente cultural de la época encontró en el positivismo la expresión ideológica que mejor se correspondía con las exigencias socioeconómicas políticas y culturales de los países latinoamericanos. Sin embargo, este va a proyectar una contradicción intrínseca. Algunas veces se muestra como una herramienta de liberación cultural, con aspecto liberal y democrático que intenta establecer invenciones en la vida nacional para instaurar las bases de un orden diferente al acostumbrado, mientras en otras sirve para justificar “gobiernos” dictatoriales, como será el caso de Venezuela y de la generación que coincide con el mandato de Juan Vicente Gómez (1908-1935).

En este período se ubican a pensadores como José Gil Fortoul, Pedro Manuel Arcaya, Laureano Vallenilla Lanz y César Zumeta, quienes aplicaron los postulados de la doctrina positivista a la política buscando respuestas a la crisis que vivía el país.

En el caso del pensamiento positivista de Laureano Vallenilla Lanz y Cesar Zumeta se comprueba esta tendencia, lo cual hace que se asumió como objeto de estudio de este texto.

En este trabajo, se reseña la relación muy peculiar que existe en Venezuela entre positivismo y gomecismo. El pensamiento positivista como ideología se vinculó al mandato de Juan Vicente Gómez (dictador venezolano entre los años 1908-1935), justificando la dictadura y prestando a esta un servicio apologético, de fundamentación de una época, que llega hasta la consideración de empezar a contar el siglo XX venezolano a partir de la muerte de Gómez, en diciembre de 1935. El gomecismo es el proceso político autocrático, con el cual se inicia la modernidad venezolana, al instalarse estructuras e instituciones que ordenaron la vida ciudadana, económica, cultural y política. Con Gómez se inició el proceso de injerencia del capitalismo internacional en la economía venezolana, consolidándose una estructura de dependencia. Ha sido esta vinculación con el régimen de Gómez lo que ha primado en los estudios que hasta ahora se han hecho sobre la obra de Vallenilla Lanz y Cesar Zumeta, por lo que existe una condena política por su vínculo al gomecismo, que este trabajo asume como un desafío. De esta manera, al quedar velados a la reflexión aquellos aspectos relacionados con las contribuciones de Vallenilla al análisis de la historia y la cultura venezolana desde una perspectiva renovadora y humanista, el presente estudio persigue mostrar cómo el positivismo venezolano intenta superar, al mismo tiempo que confronta la contradicción del proceso modernizador de las sociedades latinoamericanas.

Hay que destacar que la obra de Laureano Vallenilla y Cesar Zumeta han de ser valorada en sus contradicciones entre su postura positivista y su participación en el gobierno de Juan Vicente Gómez, pero jamás reducida al período gomecista. En los ciclos de la historia de la ideas siempre ha habido avances y retrocesos, concurrencias y contradicciones que permiten analizar a los hombres en sus concretas circunstancias.

El pensamiento de Vallenilla expresa una contradicción de la práctica política de su época, entre la necesidad de un pensamiento que legitime y sirva de instrumento de toma de conciencia a la realización de un proceso de modernización capitalista y la forma dictatorial y caudillista que asume el mismo a pesar de ser lo más progresista para la época. Ello implica una contradicción en la continuidad histórica y cultural de Venezuela en el cambio hacia el siglo XX.

Mientras que la obra de César Zumeta ha de ser considerada en el marco de aquella generación de positivistas sui generis a la que pertenecieron Tobías Barreto (1839-1889) en Brasil, Enrique José Varona (1849-1933) en Cuba y los argentinos Juan Bautista Justo (1865-1928) y José Ingenieros (1877-1925). Estos pensadores, sin romper definitivamente con sus res­pectivas posiciones ideológicas, reconocieron la validez de las ideas socialistas, aunque discreparan de algunos de sus elementos, y sobre todo vieron con agrado que esta sirviera a la causa de los humildes.[1]  

Esta imbricación se ha dado a conocer con el nombre de socialismo positivo, el cual constituye un programa que arraigó en tierra latinoamericana con el propósito de fundir positivismo y socialismo, concreta­mente en la Argentina hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX en base al rumbo específico que toma allí el positivismo, al desarrollarse en la dirección de una filosofía social contextual de claro corte progresista y con una decidida opción por la transformación de la sociedad en favor de los más pobres.[2]

Este desarrollo peculiar del positivismo argentino, que en muchos casos lle­ga a poner a sus representantes a la cabeza de movimientos sociales trans­formadores, posibilita justamente un encuentro con el socialismo. Muy distinto de lo que sucedió en Europa, en América Latina este movimiento de ideas hizo que predominara no tanto la polémica ni el intento de refutación teórico filosófica del otro, sino por el contrario, la búsqueda de la convergencia y de la síntesis, cuyo resultado va a ser  la propuesta de ese producto mestizo al que se le dará el nombre de socialismo positivo.

Se trata, en términos generales, de un modelo de encuentro con el socialismo, y lo interesante es que se plantea desde una lectura positivista de la realidad de los países latinoamericanos. Esta lectura hace sospechar, a los miembros de esa generación, que una convergencia entre positivismo y socialismo no solamente es posible, sino que se presenta además como una exigencia de los problemas con que se ven confrontadas las sociedades latino­ame­ricanas.

Se debe tener en cuenta que ese programa del  socialismo posi­tivo no se concibe como un trabajo por completar el positivismo añadién­dole algunos elementos del marxismo, o viceversa. Este programa se entiende en el sentido de una tarea de síntesis que supone e implica la mutua transfor­ma­ción de ambas teorías, y esto – conviene insistir en ello – en aras de un me­jor servicio a la realidad latinoamericana.

De esta forma, al revelar en el presente estudio los momentos renovadores humanistas en la obra de Vallenilla Lanz y Cesar Zumeta, insertamos su legado dentro de la contradicción de la burguesía como clase en los momentos iniciales de su entronización en el devenir histórico del moderno estado-nación venezolano. Ubicar la obra de Vallenilla Lanz y Cesar Zumeta desde su interés de clase burguesa, no debe ser sinónimo de un determinismo para evaluar su obra, sino que por el contrario, es una lógica que permite comprender los modos y las condiciones reales de posibilidad de su pensamiento en la historia venezolana.

El pensamiento positivista de Vallenilla Lanz y Cesar Zumeta, en ese sentido, no logran distanciarse, ni mucho menos renunciar a su condición de intelectual burgués, por lo que pudiera entenderse que su propuesta se perfila como representativa de ese sector de la burguesía, que como afirmara Marx desea remediar la penosa situación social, con el fin de asegurar la continuidad de la sociedad burguesa.[3] No cabe recriminar hoy la gestión burguesa, ni sus ideas de entonces por el excedente ideológico que segrega su participación revolucionaria. La inadecuación del interés clasista particular que se promueve bajo el estandarte de universales, que son para la burguesía, imposibles de realizar en el acto, se explica, no por el engaño intencional de sus ideólogos, ni por la acción automática e intencional de unos factores económicos, sino por el hecho objetivo y real en las condiciones de la lucha de clases.

Tanto Vallenilla Lanz y César Zumeta desde su perspectiva positivista, enjuician la realidad venezolana y latinoamericana, con el propósito de abordar los más variados tópicos relacionados con el problema de la condición humana del ser venezolano y nuestro-americano. Condición humana entendida –por estos pensadores- como el conjunto de las relaciones sociales concretas que se expresan en la cultura, la educación, la libertad, la revolución, el antimperialismo, la historia y el socialismo. Por la profundidad con que asumen estos problemas se tornan pensadores muy representativos e importantes del pensamiento filosófico venezolano del siglo XX. De modo que sus obras no pueden ser borradas de la historia de las ideas políticas, cualquiera sea el juicio que se tenga de su actuación pública. Sus trabajos son expresión de una historia nacional no contada aún, muchas veces olvidada, otras tantas desvirtuadas, que hoy es urgente esclarecer ya que pone de manifiesto una actitud humanista, crítica y creadora de la intelectualidad venezolana.       

Este libro es una apreciación crítica del pensamiento positivista venezolano, para determinar los aportes, autenticidad y vigencia presentes en la obra de estos intelectuales que supieron adaptar a las circunstancias latinoamericanas las principales tesis de estas corrientes filosóficas. El tributo teórico y metodológico de la misma se dirige particularmente a la nutrición de los enfoques desde los cuales se dinamicen estrategias de desarrollo de nuestro legado cultural, la inserción de estos resultados en los estudios de pensamiento venezolano y latinoamericano, y  en suma la asunción del legado teórico y político del pensamiento de estos insignes representantes de nuestra intelectualidad con vistas a su articulación en los procesos emancipatorios reales de la región latinoamericana.

 

 

 

 

 



[1] Cfr. Guadarrama, Pablo: Positivismo en América Latina. Universidad Nacional Abierta a Distancia. Bogotá. 2001; Antipositivismo en América Latina. Universidad Nacional Abierta a Distancia. Bogotá. 2001. Positivismo y antipositivismo en América Latina. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2004. Cfr. Fornet Betancourt, Raúl: Transformación del Marxismo, Historia del Marxismo en América Latina, Editores Plaza y Valdés, México, 2001.
[2] Cfr. Soler, Ricaurte: El positivismo argentino. Pensamiento filosófico y sociológico, Buenos Aires, 1968. Cfr. Zea, Leopoldo: Pensamiento positivista latinoamericano, Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1980.
[3] Marx, Karl y Engels Friedrich: Ob. Cit., p. 58.

lunes, 15 de abril de 2013

No es hora de festejar, llegó la hora de rectificar, corregir y trabajar para consolidar un proyecto alternativo al Capitalismo Neoliberal en Venezuela.






No es hora de festejar, llegó la hora de rectificar, corregir y trabajar para consolidar un proyecto alternativo al Capitalismo Neoliberal en Venezuela. 
El pueblo venezolano se expresó este 14 de abril de 2013 una vez más en paz, civismo, armonía y alegría. No solo se elegía a un Presidente, sino un Proyecto de País. El resultado debe ser respetado. La voluntad popular ya escogió y confirmó su apoyo a la Revolución Bolivariana. El nuevo Presidente debe darle continuidad a las políticas planteadas por el líder indiscutible de este proceso emancipador venezolano, Hugo Chávez Fríaz. Esbozadas en lo que él llamo el Programa de la Patria 2013-2019 y/o Segundo Plan Socialista:
  1. Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: la Independencia Nacional.
  2. Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurar la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad” para nuestro pueblo.
  3. Convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político dentro de la Gran Potencia Naciente de América Latina y el Caribe, que garanticen la conformación de una zona de paz en Nuestra América.
  4. Contribuir al desarrollo de una nueva Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del Universo y garantizar la paz planetaria.
  5. Preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana.
Pero además de estas lineas estratégicas que sirven como punto de partida. Viene el trabajo de formación, discusión y debates. Es el momento para que las críticas y autocríticas sean asumidas con humildad. Llegó la hora de luchar contra la burocracia, corrupción, impunidad, injusticia y complicidad de muchos de nuestros funcionarios y de nuestras instituciones. Llegó la hora de la eficacia. Si queremos impulsar una Revolución esta tiene que ser cultural y educativa. Hay que escuchar al pueblo, acompañarlos, no solo a “darle el pan”, sino a darle las herramientas para que se organicen en comunas, consejos comunales, en movimientos sociales, capaces de generar grandes debates, de solucionar sus propios problemas para que pueda vivir dignamente. Es la hora de luchar contra lo más cruel que exista en el planeta entero las prácticas burguesas capitalistas: individualismo, acumulación de riqueza, explotación, inflación, especulación, entre otras, que tanto daño le hace a la economía de las familias en Venezuela. Es la hora de consolidar un proyecto socialista que pueda alcanzar la soberanía política, económica, social, alimentaria, textil y tecnológica. Es mucho el trabajo que nos queda por hacer. Llegó la hora, llegó el momento no lo dejemos perder. Ahora más que nunca nuestros pueblos oprimidos, pobres y condenados nos los reclaman. Llegó la hora de la verdadera revolución y de la descolonización. Hasta la victoria siempre.
Johan M.

domingo, 28 de octubre de 2012

Vigencia del pensamiento filosófico y educativo del Maestro Simón Rodríguez

Vigencia del pensamiento filosófico y educativo del Maestro Simón Rodríguez

                                               Johan Méndez Reyes
                                             


Simón Rodríguez1 (1771-1854) es uno de los pensadores venezolanos y quizá latinoamericanos, sobre el que más se ha escrito. Fue un gran pensador y profesó ideas de la Ilustración que lo llevaron a planteamientos importantes para nuestra América. Fue profundo conocedor y crítico de los orígenes y evolución de la sociedad hispanoamericana. Fue maestro de Simón Bolívar, influyendo, considerablemente en su formación. Todo lo que pueda decirse de Rodríguez debe, necesariamente, incluir y tener presente su propuesta educativa.
El planteamiento pedagógico2 de Simón Rodríguez está vinculado a su pensamiento filosófico y su teoría política. Educar, para él, es preparar al pueblo para recuperar el poder, su poder. Dice Rodríguez:
Somos INDEPENDIENTE, pero no LIBRES, dueños del suelo pero no de nosotros mismos. Las preocupaciones políticas que nos dominan, no caducarán, como muchos lo esperan; al contrario, persistentes al lado de las Ideas Liberales, las harán bastardear. Otras fuerzas que las que empleamos para emanciparnos, debemos emplearla para libertarnos… las de la razón3.
En el ideario pedagógico de Rodríguez, aun cuando son dos especies distintas del mismo género productivo, no se debe confundir educación con instrucción, al respecto señala:Instruir no es educar, ni la instrucción puede ser un equivalente de la educación aunque instruyendo se eduque…”4
La instrucción trata de la enseñanza deluces y virtudes sociales. El sujeto que debe recibirlas es el hombre que vive en sociedad; su objeto es la sociabilidad. Y el fin de la sociabilidadfin último de la instrucción- eshacer menos penosa la vida.5
Por ello, la misma instrucción es un medio, uno de los medios, para lograr la sociabilización del hombre. La instrucción particular y parcial en la vida del hombre en sociedad, pues no da cuenta de la totalidad del sistema: solamente de lo permitido. Siendo esto así, el contenido de la instrucción tan sólo alcanza niveles de superficialidad en la constitución del individuo: el nivel racional. La instrucción, proporciona un saber general, no un saber del otro que debe ser el fundamento del verdadero saber, por ende, la instrucción general para Rodríguez, es ignorante. Por ello, dirá: “Grandes proyectos de la ¡Ilustración! al lado de una absoluta ignorancia, constatarán siempre y nunca se asociarán, juntos, hacen un Monstruo social”.6
Por otro lado, para Rodríguez, la educación trata de la conducta, del comportamiento de los hombres en la sociedad republicana. La educación está referida a todos los niveles que constituyen la vida: social, económico, moral, civil y político.
La educación es, esencialmente, popular. Su objeto: formar un pueblo republicano. Es medio y fin, a la vez. Es medio porque, a través de ella, se funda la República; es fin porque la República no termina de hacerse nunca. Vivir en República equivale a vivir en un campo de universalidad sin congelamiento; vivir en República es vivir en un movimiento continuo y en constante transformación.7
La educación es social, nunca individual, por tanto debe ser pública, esto es: debe llegar a todos sin excepción y debe estar al alcance de todos. No es privativa de nadie ni reservada para algunos, como la instrucción. Alcanza, además, aquellos niveles donde el individualismoanimal- se vuelve social. En fin, por la educación social el pueblo republicano recupera y ejerce su poder. La fuerza republicana que resulta es puramente moral.8
La educación es republicana, por definición. Por eso toca al gobierno democrático emprender la educación del pueblo que administra y dirige. El gobierno verdaderamente republicano educa, porque “sólo un pueblo educado es un pueblo republicano”.9 Por eso proporciona las luces y las virtudes requeridas.
En este sentido, para Simón Rodríguez, la educación no se detiene ni se acaba nunca. La vida en sociedad es un estar haciéndose a cada instante continuamente. Donde la vida en comunidad, es sinónimo de una vida en República.10
Para el maestro Rodríguez, o inventamos o erramos, es dar paso a un modo distinto de pensar y hacer, de sentir y actuar. Es la autenticidad y la creación, lo positivo y el ingenio, la imaginación y el pensamiento puesto en ejercicio; es concebir e idear para producir y construir; es mirarse y advertir lo que se es para descubrir y estimar otra posibilidad de ser. Esta afirmación, - o inventamos o erramos- se constituye –dentro del ideario pedagógico del autor- en divisa y singularidad negadora de la tradición que obstaculiza, que limita y que inmoviliza. Es revisar y examinar las situaciones de vida para decantar oposiciones y abrirse a un nuevo estado-condición; es apremio e interpelación para motivar y provocar otras potencialidades y virtualidades; es un darse cuenta del ahora histórico para enrumbar y revelar nuevas oportunidades, otros senderos, otros sentidos humanos sociales; es releer y reinterpretar la institucionalidad; es seducirse en el encuentro, en el talento, en la iniciativa, en el saber, en la inspiración, en las ideas, en el proyecto, en el cambio, en la transformación.
El maestro Simón Rodríguez dio mucha importancia a la identidad de los pueblos hispanoamericanos y a la búsqueda de su ontología o razón de ser. Asimismo, se preocupó por definir la originalidad de Hispanoamérica; la esenia de lo autóctono y lo vernáculo; y el problema de la imitación. Habló sobre la necesidad de buscar su originalidad y no la imitación de instituciones de otras regiones del mundo. Creyó que los pueblos americanos deben afirmar su identidad y cultura en su propia idiosincrasia, sin necesidad de imitar a otros. Para, él:la imitación cultural es lo que no dejará prosperar a las nuevas naciones recién independizadasla sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son dos enemigos de la libertad de pensar en América. ¿Por qué? Por la fiebre y enfermedad de la imitación.11
Es con la obra de Simón Rodríguez que se da inicio a una visión cultural de Hispanoamérica libre, autentica, autóctona y original para proyectarla hacia un futuro mejor, con conciencia patriótica, republicana y revolucionaria.
1 Sus obras completas fueron publicadas en dos tomos por Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975. En las que incluye sus siguientes escritos Cartas; Críticas de las providencias del gobierno; Consejos de amigos, dados al Colejio de Latacunga; Defensa de Bolívar. El libertador del mediodía de América y sus compañeros de armas defendidos por un amigo de la causa social; Extracto de la Defensa de Bolívar. Extracto sucinto de mi obra sobre la educación republicana; Luces y Virtudes Sociales; Observaciones sobre el terreno de Vincocaya con respecto a la empresa de desviar el curso natural de sus aguas y conducirlas por el rio Zumbai al de Arequipa; Reflexiones sobre el estado actual de la escuela y el nuevo establecimiento de ella; Sociedades Americanas de 1828; Informes presentados a la Intendencia de la Provincia de Concepción de Chile por Ambrosio Lozier, Simón Rodríguez y Juan José Arteaga, nombrados para reconocer la ciudad de Concepción y sus cercanías después del terremoto del 20 de febrero de 1835.
2 Su pensamiento fue claramente influenciado por los principales filósofos europeos del siglo XVIII, Locke, D´Alembert, Voltaire, Montesquieu, Condillac, Hume, D´Holbach, Helvetius, Rousseau, Mably, Condorcet, Payne y Destut de Tracy.
3RODRÍGUEZ, Simón. Crítica de las Provincias del Gobierno. En: Obras Completas, tomo II. Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975. p. 427.
4RODRÍGUEZ, Simón. Luces y virtudes sociales. En: Obras Completas, tomo II. Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975. p. 104.
5 RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 103.
6 RODRÍGUEZ, Simón. Defensa de Bolívar. El libertador del mediodía de América y sus compañeros de armas defendidos por un amigo de la causa social. Ob. Cit. p. 329
7Cfr. RODRÍGUEZ, Simón. Extracto sucinto de mi obra sobre la educación republicana. En: Obras Completas, tomo II. Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975.
8 RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 321.
9 RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 319.
10RODRÍGUEZ, Simón. Luces y virtudes sociales. Ibíd. p. 107.
11RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 106.