domingo, 28 de octubre de 2012

Vigencia del pensamiento filosófico y educativo del Maestro Simón Rodríguez

Vigencia del pensamiento filosófico y educativo del Maestro Simón Rodríguez

                                               Johan Méndez Reyes
                                             


Simón Rodríguez1 (1771-1854) es uno de los pensadores venezolanos y quizá latinoamericanos, sobre el que más se ha escrito. Fue un gran pensador y profesó ideas de la Ilustración que lo llevaron a planteamientos importantes para nuestra América. Fue profundo conocedor y crítico de los orígenes y evolución de la sociedad hispanoamericana. Fue maestro de Simón Bolívar, influyendo, considerablemente en su formación. Todo lo que pueda decirse de Rodríguez debe, necesariamente, incluir y tener presente su propuesta educativa.
El planteamiento pedagógico2 de Simón Rodríguez está vinculado a su pensamiento filosófico y su teoría política. Educar, para él, es preparar al pueblo para recuperar el poder, su poder. Dice Rodríguez:
Somos INDEPENDIENTE, pero no LIBRES, dueños del suelo pero no de nosotros mismos. Las preocupaciones políticas que nos dominan, no caducarán, como muchos lo esperan; al contrario, persistentes al lado de las Ideas Liberales, las harán bastardear. Otras fuerzas que las que empleamos para emanciparnos, debemos emplearla para libertarnos… las de la razón3.
En el ideario pedagógico de Rodríguez, aun cuando son dos especies distintas del mismo género productivo, no se debe confundir educación con instrucción, al respecto señala: “Instruir no es educar, ni la instrucción puede ser un equivalente de la educación aunque instruyendo se eduque…”4
La instrucción trata de la enseñanza de “luces y virtudes sociales”. El sujeto que debe recibirlas es el hombre que vive en sociedad; su objeto es la sociabilidad. Y el fin de la sociabilidad –fin último de la instrucción- es “hacer menos penosa la vida.”5
Por ello, la misma instrucción es un medio, uno de los medios, para lograr la sociabilización del hombre. La instrucción particular y parcial en la vida del hombre en sociedad, pues no da cuenta de la totalidad del sistema: solamente de lo permitido. Siendo esto así, el contenido de la instrucción tan sólo alcanza niveles de superficialidad en la constitución del individuo: el nivel racional. La instrucción, proporciona un saber general, no un saber del otro que debe ser el fundamento del verdadero saber, por ende, la instrucción general para Rodríguez, es ignorante. Por ello, dirá: “Grandes proyectos de la ¡Ilustración! al lado de una absoluta ignorancia, constatarán siempre y nunca se asociarán, juntos, hacen un Monstruo social”.6
Por otro lado, para Rodríguez, la educación trata de la conducta, del comportamiento de los hombres en la sociedad republicana. La educación está referida a todos los niveles que constituyen la vida: social, económico, moral, civil y político.
La educación es, esencialmente, popular. Su objeto: formar un pueblo republicano. Es medio y fin, a la vez. Es medio porque, a través de ella, se funda la República; es fin porque la República no termina de hacerse nunca. Vivir en República equivale a vivir en un campo de universalidad sin congelamiento; vivir en República es vivir en un movimiento continuo y en constante transformación.7
La educación es social, nunca individual, por tanto debe ser pública, esto es: debe llegar a todos sin excepción y debe estar al alcance de todos. No es privativa de nadie ni reservada para algunos, como la instrucción. Alcanza, además, aquellos niveles donde el individualismo –animal- se vuelve social. En fin, por la educación social el pueblo republicano recupera y ejerce su poder. La fuerza republicana que resulta es puramente moral.8
La educación es republicana, por definición. Por eso toca al gobierno democrático emprender la educación del pueblo que administra y dirige. El gobierno verdaderamente republicano educa, porque “sólo un pueblo educado es un pueblo republicano”.9 Por eso proporciona las luces y las virtudes requeridas.
En este sentido, para Simón Rodríguez, la educación no se detiene ni se acaba nunca. La vida en sociedad es un estar haciéndose a cada instante continuamente. Donde la vida en comunidad, es sinónimo de una vida en República.10
Para el maestro Rodríguez, o inventamos o erramos, es dar paso a un modo distinto de pensar y hacer, de sentir y actuar. Es la autenticidad y la creación, lo positivo y el ingenio, la imaginación y el pensamiento puesto en ejercicio; es concebir e idear para producir y construir; es mirarse y advertir lo que se es para descubrir y estimar otra posibilidad de ser. Esta afirmación, - o inventamos o erramos- se constituye –dentro del ideario pedagógico del autor- en divisa y singularidad negadora de la tradición que obstaculiza, que limita y que inmoviliza. Es revisar y examinar las situaciones de vida para decantar oposiciones y abrirse a un nuevo estado-condición; es apremio e interpelación para motivar y provocar otras potencialidades y virtualidades; es un darse cuenta del ahora histórico para enrumbar y revelar nuevas oportunidades, otros senderos, otros sentidos humanos sociales; es releer y reinterpretar la institucionalidad; es seducirse en el encuentro, en el talento, en la iniciativa, en el saber, en la inspiración, en las ideas, en el proyecto, en el cambio, en la transformación.
El maestro Simón Rodríguez dio mucha importancia a la identidad de los pueblos hispanoamericanos y a la búsqueda de su ontología o razón de ser. Asimismo, se preocupó por definir la originalidad de Hispanoamérica; la esenia de lo autóctono y lo vernáculo; y el problema de la imitación. Habló sobre la necesidad de buscar su originalidad y no la imitación de instituciones de otras regiones del mundo. Creyó que los pueblos americanos deben afirmar su identidad y cultura en su propia idiosincrasia, sin necesidad de imitar a otros. Para, él: “la imitación cultural es lo que no dejará prosperar a las nuevas naciones recién independizadas… la sabiduría de Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son dos enemigos de la libertad de pensar en América. ¿Por qué? Por la fiebre y enfermedad de la imitación”.11
Es con la obra de Simón Rodríguez que se da inicio a una visión cultural de Hispanoamérica libre, autentica, autóctona y original para proyectarla hacia un futuro mejor, con conciencia patriótica, republicana y revolucionaria.
1 Sus obras completas fueron publicadas en dos tomos por Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975. En las que incluye sus siguientes escritos Cartas; Críticas de las providencias del gobierno; Consejos de amigos, dados al Colejio de Latacunga; Defensa de Bolívar. El libertador del mediodía de América y sus compañeros de armas defendidos por un amigo de la causa social; Extracto de la Defensa de Bolívar. Extracto sucinto de mi obra sobre la educación republicana; Luces y Virtudes Sociales; Observaciones sobre el terreno de Vincocaya con respecto a la empresa de desviar el curso natural de sus aguas y conducirlas por el rio Zumbai al de Arequipa; Reflexiones sobre el estado actual de la escuela y el nuevo establecimiento de ella; Sociedades Americanas de 1828; Informes presentados a la Intendencia de la Provincia de Concepción de Chile por Ambrosio Lozier, Simón Rodríguez y Juan José Arteaga, nombrados para reconocer la ciudad de Concepción y sus cercanías después del terremoto del 20 de febrero de 1835.
2 Su pensamiento fue claramente influenciado por los principales filósofos europeos del siglo XVIII, Locke, D´Alembert, Voltaire, Montesquieu, Condillac, Hume, D´Holbach, Helvetius, Rousseau, Mably, Condorcet, Payne y Destut de Tracy.
3RODRÍGUEZ, Simón. Crítica de las Provincias del Gobierno. En: Obras Completas, tomo II. Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975. p. 427.
4RODRÍGUEZ, Simón. Luces y virtudes sociales. En: Obras Completas, tomo II. Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975. p. 104.
5 RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 103.
6 RODRÍGUEZ, Simón. Defensa de Bolívar. El libertador del mediodía de América y sus compañeros de armas defendidos por un amigo de la causa social. Ob. Cit. p. 329
7Cfr. RODRÍGUEZ, Simón. Extracto sucinto de mi obra sobre la educación republicana. En: Obras Completas, tomo II. Colección Dinámica y Siembra, Caracas, 1975.
8 RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 321.
9 RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 319.
10RODRÍGUEZ, Simón. Luces y virtudes sociales. Ibíd. p. 107.
11RODRÍGUEZ, Simón. Ibíd. p. 106.

jueves, 13 de septiembre de 2012

La filosofía desde América Latina



La filosofía desde América Latina.

Roig, Arturo 

 

 



http://bdigital.uncu.edu.ar/fichas.php?idobjeto=751

Cómo derechizar a un izquierdista

Cómo derechizar a un izquierdista

Frei Betto.

 

 

Ser de izquierda es, desde que esa clasificación surgió con la Revolución Francesa, optar por los pobres, indignarse ante la exclusión social, inconformarse con toda forma de injusticia o, como decía Bobbio, considerar una aberración la desigualdad social.
Ser de derechas es tolerar injusticias, considerar los imperativos del mercado por encima de los derechos humanos, encarar la pobreza como tacha incurable, creer que existen personas y pueblos intrínsecamente superiores a los demás.
Ser izquierdista -patología diagnosticada por Lenin como ‘enfermedad infantil del comunismo’- es quedar enfrentado al poder burgués hasta llegar a formar parte del mismo. El izquierdista es un fundamentalista en su propia causa. Encarna todos los esquemas religiosos propios de los fundamentalistas de la fe. Se llena la boca con dogmas y venera a un líder. Si el líder estornuda, él aplaude; si llora, él se entristece; si cambia de opinión, él rápidamente analiza la coyuntura para tratar de demostrar que en la actual correlación de fuerzas…
El izquierdista adora las categorías académicas de la izquierda, pero se iguala al general Figueiredo en un punto: no soporta el tufo del pueblo. Para él, pueblo es ese sustantivo abstracto que sólo le parece concreto a la hora de acumular votos. Entonces el izquierdista se acerca a los pobres, no porque le preocupe su situación sino con el único propósito de acarrear votos para sí o/y para su camarilla. Pasadas las elecciones, adiós que te vi y ¡hasta la contienda siguiente!
Como el izquierdista no tiene principios, sino intereses, nada hay más fácil que derechizarlo. Dele un buen empleo. Pero que no sea trabajo, eso que obliga al común de los mortales a ganar el pan con sangre, sudor y lágrimas. Tiene que ser uno de esos empleos donde pagan buen salario y otorgan más derechos que deberes exigen. Sobre todo si se trata del ámbito público. Aunque podría ser también en la iniciativa privada. Lo importante es que el izquierdista sienta que le corresponde un significativo aumento de su bolsa particular.
Así sucede cuando es elegido o nombrado para una función pública o asume un cargo de jefe en una empresa particular. De inmediato baja la guardia. No hace autocrítica. Sencillamente el olor del dinero, combinado con la función del poder, produce la irresistible alquimia capaz de hacer torcer el brazo al más retórico de los revolucionarios.
Buen salario, funciones de jefe, regalías, he ahí los ingredientes capaces de embriagar a un izquierdista en su itinerario rumbo a la derecha vergonzante, la que actúa como tal pero sin asumirla. Después el izquierdista cambia de amistades y de caprichos. Cambia el aguardiente por el vino importado, la cerveza por el güisqui escocés, el apartamento por el condominio cerrado, las rondas en el bar por las recepciones y las fiestas suntuosas.
Si lo busca un compañero de los viejos tiempos, despista, no atiende, delega el caso en la secretaria, y con disimulo se queja del ‘molestón’. Ahora todos sus pasos se mueven, con quirúrgica precisión, por la senda hacia el poder. Le encanta alternar con gente importante: empresarios, riquillos, latifundistas. Se hace querer con regalos y obsequios. Su mayor desgracia sería volver a lo que era, desprovisto de halagos y carantoñas, ciudadano común en lucha por la sobrevivencia.
¡Adiós ideales, utopías, sueños! Viva el pragmatismo, la política de resultados, la connivencia, las triquiñuelas realizadas con mano experta (aunque sobre la marcha sucedan percances. En este caso el izquierdista cuenta con la rápida ayuda de sus pares: el silencio obsequioso, el hacer como que no sucedió nada, hoy por ti, mañana por mí…).
Me acordé de esta caracterización porque, hace unos días, encontré en una reunión a un antiguo compañero de los movimientos populares, cómplice en la lucha contra la dictadura. Me preguntó si yo todavía andaba con esa ‘gente de la periferia’. Y pontificó: “Qué estupidez que te hayas salido del gobierno. Allí hubieras podido hacer más por ese pueblo”.
Me dieron ganas de reír delante de dicho compañero que, antes, hubiera hecho al Che Guevara sentirse un pequeño burgués, de tan grande como era su fervor revolucionario. Me contuve para no ser indelicado con dicho ridículo personaje, de cabellos engominados, traje fino, zapatos como para calzar ángeles. Sólo le respondí: “Me volví reaccionario, fiel a mis antiguos principios. Prefiero correr el riesgo de equivocarme con los pobres que tener la pretensión de acertar sin ellos”
http://www.insurgente.org/index.php/articulos/item/1525-c%C3%B3mo-derechizar-a-un-izquierdista